A través de un comunicado de la Conferencia Episcopal, invocan los obispos a una transición política en el Perú.

 

Compartió un comunicado sobre la posición de la iglesia. La Conferencia Episcopal compartió un comunicado en el que propone un diálogo entre los poderes y la sociedad. Conducente a la gobernabilidad y a impulsar una salida a la crisis, priorizando una reforma política.

 

Realizó la CEP una descripción de la situación actual y alertó sobre una descomposición política, social, económica y moral que alcanza a los poderes del Estado y a la sociedad.

 

No finaliza la crisis y desde distintos sectores se plantean posibles salidas. Ayer fue el turno de la Conferencia Episcopal Peruana (CEP). No les falta razón a quienes cuestionan que la Iglesia se involucre en asuntos políticos en un Estado que se presume laico. También es verdad que el comunicado leído ayer no deja de ser de interés público y parece haber sido escrito con genuina buena voluntad.

 

Señala en resumen, la CEP  que existe un consenso social para dar paso a una transición política como respuesta, urgente, a la situación actual. La prioridad, agrega, debe ser una reforma política para recuperar “la credibilidad, la confianza y la esperanza”. No lo dice expresamente, pero en esas líneas la CEP da la impresión de sugerir que “se vayan todos”.

 

El pronunciamiento es titulado “Frente al deterioro político y social, busquemos una salida urgente y creativa a la crisis”. En el se describe primero el contexto actual con las siguientes palabras: “Alarmantes niveles de descomposición política, social, económica y moral, a los que se unen la desconfianza de un gran porcentaje de la población, la pérdida de credibilidad y de gobernabilidad”.

 

Incluye que esta crisis se manifiesta “en una lucha interna” entre el Ejecutivo y el Legislativo que daña la democracia. Divide a los peruanos y puede conducir a “niveles incontrolables de violencia”.

 

Igualmente, califica de “vergonzoso y decepcionante” que el Perú registra uno de los más altos índices de percepción de corrupción en América Latina, según el Latinobarómetro. Señala que la “crisis moral y ética” engloba a los actos de corrupción “en las altas esferas de los poderes Ejecutivo. Así como en el Legislativo y Judicial”, en otras instancias del Estado y en sectores de la sociedad.